30 diciembre 2005

Alejandro ya no es lo mismo

Alejandro Sánchez Pizarro, a posteriori bautizado artísticamente como Alejandro Sanz, es uno de los mayores talentos musicales que han surgido en España en los últimos años, que ya son quince desde aquel lejano 1991, cuando se publicó su primer álbum, Viviendo Deprisa. Desde entonces, una vorágine de canciones entre románticas y sensacionalistas surgidas de su propia mano –es autor de casi la totalidad de todos sus grandes éxitos- lo catapultaron a la cúspide de los artistas españoles más populares, llegando a ser nuestro cantante más internacional, aún por encima de otros colosos como Enrique Iglesias. Como ejemplo un botón: su cuarto álbum, Más, no sólo es su producto de mayor éxito, sino el disco más vendido de la historia en España. Llegó a estar veinticinco (¡veinticinco!) semanas el nº 1 en ventas. Ahí es nada.

Otros hitos que se le recuerdan es haber logrado colapsar por completo el estadio Vicente Calderón, con el concierto que ofreció poco después de salir a la venta el sucesor de Más, El alma al aire. Algo que solo el británico David Bowie o los incombustibles Rolling Stones se suponía que podían hacer. Aun así, el que considero su mayor logro es el haber grabado un Unplugged, que en español vendría a ser “desenchufado”, así como lo estaban los instrumentos en aquél concierto-gala cortesía de la cadena musical más famosa del mundo, la norteamericana MTV. Y eso solo se le ofrece a los gigantes, como Bon Jovi, Lenny Kravitz o Shakira, sálvense las distancias entre unos y otros. El caso es que ahí estuvo Alejandro ondeando alto nuestra bandera, mayormente porque hasta entonces –y aún hasta nuestros días- ningún artista patrio había grabado un ‘desenchufao’. Obvia citar los numerosísimos premios que ha recibido a lo largo de toda su carrera; así le salen Grammys hasta por las orejas.

Pero lo pasado, pasado está, que se dice. Aunque más nos valdría a los fans de Sanz que no existiera tal dicho, porque desde que publicó su último álbum, No es lo mismo, él no es el mismo. Parece que el título lo hacía presagiar, acompañado de una imagen que para el caso valió más que mil palabras: y es que en la portada del susodicho podíamos observar al madrileño con una copa de no sé qué en mano; yo diría que era whisky, a tenor del tono que mostraba el líquido que contenía el vaso, y a raíz de la teoría que sostengo de que esta bebida le afectara en demasía por aquel entonces. Porque no me cabe en la cabeza que un ídolo que destacaba por su imagen siempre pulcra y elegante, pasara de la noche a la mañana a mostrarse en un videoclip pseudo-rapeando y vistiendo ropa de corte militar, collar plateado inclusive. Y la canción estrella de su álbum, la cual le da nombre, sonaba tan radicalmente distinto a todo lo anterior de Sanz que terminaba por confirmar un cambio evidente a primera vista: a nuestro Alejandro nos lo han cambiado.

Como era previsible en cierto modo, el flujo mayoritario de sus fans montó en cólera ante un cambio de imagen y de aroma musical tan endemoniadamente dispar, e incluso algunos llegaron al extremo de realizar campañas sugiriendo que Alejandro Sanz, digamos, se jubilara antes de tiempo. Personalmente, yo no consideré la situación tan desesperada, pero sí que hubiese preferido que ese tema no hubiera sido más que un paréntesis para denunciar los ritmos callejeros (que era lo que pretendía), y no que viniera a significar el pistoletazo de salida a un nuevo rumbo tomado por el más aclamado artista de entre todos los españoles.

De la más exquisita elegancia al informalismo sin clase, de la perilla clásica y de un rostro bien afeitado a contar meses sin pasarse la cuchilla, de un hombre que se cuidaba en el gimnasio siempre que su apretada agenda se lo permitía a estar sobradito de kilos, los cuales van en aumento progresivamente. Y sin saltarme los tatuajes varios y de pésimo gusto con los que ha decorado su cuerpo, el colmo: en una reciente actuación con Shakira, en la ya mentada MTV, Alejandro lució nuevo look con el pelo teñido de rubio, tal cual de un integrante de la casa de Gran Hermano se tratase. En dicha actuación junto con la hermosa cubana, interpretó su último tema de éxito, La tortura. Reggaeton bueno (comparado con La gasolina es el hit del siglo), pero al fin y al cabo, reggaeton. Recientemente ha anunciado que trabaja en dos nuevos discos. A ver con qué nos sorprende esta vez. Miedo me da.