21 enero 2006

La función informativa y el periodismo manchado de sangre (rosa)

Mucha gente se equivoca al relacionar el periodismo exclusivamente con el acto de informar, lo cual viene a ser un craso error pues a la frase de Roger Pinto me remito: “hoy día la prensa en su conjunto, proporciona antes que nada a su público una diversión. Su papel de información ha pasado a un segundo lugar”. Es cierto y a su vez, discrepo con cierto reparo dado el desconocimiento por mi parte de saber quién es esta persona y su grado de autoridad en la materia. Si bien es cierto que últimamente el periodismo se está prostituyendo de indeseable manera (como bien apunta con salero el artículo "El 'lead' se va de marcha", al que hago referencia y que pueden leer unas líneas más abajo), por culpa de la denominada prensa rosa fundamentalmente, todavía existen medios serios, objetivos en gran medida y que diariamente hacen gala de una gran profesionalidad. Aunque a la opinión mayoritaria le cueste creerlo, y no les culpo, los hay. De todas formas, aunque insisto en mi discrepancia de lo dicho por el periodista galo anteriormente citado, esta tendencia a la diversión es una obviedad y se refleja con claridad en el canal de televisión Antena 3, más concretamente en su espacio de informativos, que últimamente apuesta por dotar a las noticias del corte clásico -esto es, importantes, concisas y objetivas ante todo- algunos añadidos tales como "noticias" que hablan ya no sólo de la película que se va a estrenar el viernes que viene en cartelera (que se podría pasar por alto pues aunque ocio, el cine es un arte), sino de la serie que se va a estrenar esta noche, pongamos, en susodicha cadena. Publicidad pura y dura en un informativo, el acabose. El caso es que Antena 3 Noticias, como informativo serio, ha perdido muchos enteros; pero resulta más entretenido de ver para la mayoría. Gusta. Y esto genera audiencia, y he de recordar que, al fin y al cabo, los medios de comunicación no están exentos de buscar lo que todo el mundo: ganancias, negocio; dinero. Porque el mundo se compone básicamente de dos cosas que vienen a servirle de motor: el agua y el dinero.

Y no sé si agua, pero dinero sí que genera la prensa rosa, a la que vuelvo a retomar encantado siempre que sea para despotricar contra ella. Me gusta hacerlo básicamente porque la considero el cáncer de esta profesión a la que adoro, y a la que siempre he considerado tan vital para la sociedad, a tenor del fundamental papel que realizan los que la ejercen como lo es mantenernos a todos informados. Me resulta aterrador pensar que una persona que se ha preparado durante años para practicar una profesión tan motivadora como la que trato se termine dedicando a perseguir a personajes -en el sentido más despectivo de la palabra- de mínimo (nulo) interés en el mejor de los casos, y de pésima educación e imagen en el otro extremo; todos ellos eso sí, de paupérrima sintaxis a la hora de expresar-balbucear sus interesantísimos temas; éstos que engloban desde la silicona de los bolas de Fulana al juicio del marido de Mengana. Así pasan tardes y más tardes literalmente desperdiciadas con contenidos burdos, atardeceres que antes pasaban los niños acompañados por Espinete y que ahora casi nos obligan a pasar con roñosos personajes que, obviamente, no hace falta aclarar que quedan a poco más de años luz del grandote erizo rosado en cuanto a carisma se refiere. Y aun hay fieles espectadores, ellos directos partícipes y por tanto culpables en buena parte de ese circo televisivo que se ha montado, que además se permiten el lujo de criticar -ademanes inclusive- a base de calificativos tales como “sinvergüenzas”, “rastreros”, “vividores” y demás burdeces a los personajes de marras que ellos mismos siguen con adictiva alevosía tarde sí, tarde también. No sé a ustedes, pero a mí que me lo expliquen.

El caso es que a veces, los periodistas incluso llegan a ser ignorados, maltratados verbalmente por sus sucias lenguas y en última instancia ninguneados por estos famosillos del tres al cuarto, y es entonces cuando el que suscribe -interiormente- monta en cólera. Y si los productos de destilado color rosa se mantuvieran siempre aparte, con sus propios programas y revistas así como lo están hoy en día, pues sencillamente los seguiría ignorando a la par que detestado, por ahora no me va mal esta estrategia. Pero dado que últimamente existe cada vez a mayor grado la tendencia de mezclar el tocino con la velocidad en este mundillo de la comunicación, me sulfura pensar que Antena 3 algún día empiece a hablar de Belén Esteban en sus informativos, así como lo hace de Tom Cruise con el pretexto de que es actor, y tal. Dicho todo esto espero que haya quedado clara mi postura y mis pensamientos, pues me parecen muy respetables, por otro lado, las personas que se dedican a entretenerse a base de las aventuras y desventuras de los famosillos de turno; al fin y al cabo quizá ellas piensen lo mismo sobre mí en cuanto a mi afición por el fútbol, que en el fondo no consiste en otra cosa que pegar patadas a un balón, que dicen. Ahora eso sí, no me resultan tan respetables, o al menos no tanto como otros, los periodistas que forman parte de este ‘tinglao’, pues espero estar en lo cierto al deducir que no son conscientes del daño que hacen y, lo que es peor, del que pueden llegar a hacer a la profesión a la que se dedican ellos y a la cual deseo dedicarme yo en un futuro, si no es que me encuentro al periodismo muerto por sobredosis de alguna bebida y/o refresco de color de rosa que le haya producido una letal hemorragia.