17 febrero 2006

Hazte autómata y cierra la puerta con llave

No iba yo a equipararme a Colón y descubrir América afirmando que el mundo está hecho una mierda. Tan sólo hay que echar un raudo vistazo a los informativos para presenciar estallidos de bombas, disparos a tutiplén, violaciones, trifulcas de todo tipos y colores, flores carmesí brotando sin cesar. Si es que somos unos animales, con todo el respeto a perros, gatos, leones, tiburones y diversa fauna considerada peligrosa y que en la práctica no nos llegan ni a la suela del zapato. Somos devotos de la violencia, incluso los que no la practicamos, que bien nos quedamos ensimismados contemplando las escenas de marras aun con entusiasmo. Nos produce morbo, como buenos zascandiles que somos.

Así es la sociedad de hoy día, y también la de ayer y anteayer, y la venidera, por los siglos de los siglos. Es lo que hay. Pero como en todo, lo que manda es la moda. Y la última tendencia viene de la mano de las emergentes bandas latinas, individuos deleznables que emigran de países suramericanos a España y se dedican a delinquir a diestro y siniestro, a reunirse en sectas y cometer atrocidades. Como si no tuviéramos bastante con lo nuestro, como si no hubiera en España de sobras con lo que ya había, encima nos llega dosis extra del extranjero. Ocurre que, además, estos tipos tan entrañables son originales a la hora de llevar a cabo sus fechorías, la leche. Al uso, para cometer un asesinato siempre se empuñó un arma blanca y a ver dónde se acierta, hoy en día no. Ahora hay variantes nuevas, e incluso reciben nombre. Verbigracia, y sólo una, por no hurgar en la llaga de los más sensibles: La sonrisa del payaso consiste en sostener a la victima agarrada e inoperante y rajarle los mofletes, tomando como punto de referencia los dos extremos laterales de la boca; así al llegar a las orejas, la cara desfigurada por los enormes cortes termina reflejando el rostro de un payaso, por eso de que a la victima en cuestión le queda una amplia sonrisa definida por la trayectoria del puñal.

Bien es cierto que, como muchos defienden, todo esto apesta a leyenda urbana, pero ¿y si fuera cierto? Tal vez seamos algunos los que no queremos mirar y rendirnos a la evidencia, y giramos la cabeza hacia otro lado; el caso es que cuando el río suena, agua lleva. El hecho de que existen bandas de delincuentes latinos, los llamados Latin Kings, es una realidad. Así que hay claros indicios de que todo esto pudiera no tratarse de una quimera. Además, como supongo que todos tendrán constancia, hace unas semanas salió a la venta un libro titulado Reyes Latinos -traducción literal al español del nombre de la banda-, en el que su autor, Ángel Moya, nos descubre los secretos de susodichas sectas, y en primera persona: para escribir este libro, entró a formar parte de este clan a modo de infiltrado. Por suerte, salió con vida para dar a conocer sus más rígidas leyes internas, sus entresijos, su propia ‘Constitución’. Una vorágine de despropósitos. Se me antoja como una lectura cuanto menos interesante.

Dejando ya de lado a los amigos latinos, si me permiten entraré en valoraciones de corte meramente personal. A mí me resbala toda la mierda (humana) que haya en la calle, que la hay en abundancia, y no sólo suramericanos y gitanos como ejemplifica el populacho, sino de todo tipo. Y es que si uno se detiene a pensar, le recomendaría al prójimo: no vayas al País Vasco y piérdete de vista esa bonita tierra, no fuera a ser que a ETA le diera por hacer explosionar una bomba y te toque sufrir la explosión. No vayas, de hecho, a ninguna parte: puedes tener un accidente de coche, tren, avión, etcétera (será por vehículos). Es más: ni siquiera salgas de casa, ¡con la de obras que hay! ¿Y si en pleno paseo, mientras caminas sosegadamente te cae un ladrillo en la cabeza y te la abre? Y encima, los Latin King y cía. Tócate los redaños. Lo mejor casi sería encerrarte en tu cuarto y con llave, a poder ser. Eso sí, quédate rezando, no vaya a ser que se te desplome el techo encima, y ya la hemos liado.

2 Comments:

Blogger Ana said...

Chapó!, amigo. Aunque difiera de tu punto de vista (como preveo que pasará amenudo), me parece extraordinaria la fórmula de reflexión. A pesar, ya te decía, de creer que la solución no está en quedarnos en casa rezando, sino en luchar contra el delito y confiar, una vez más, en la justicia. Que se persigan y se castiguen los delitos, y además intentar no hacer sonar de sobremanera la alarma solcial por unas bandas aun pequeñas e incipientes, cuando son muchos los sudamericanos que residen en España y son ciudadanos ejemplares, que vinieron en busca de una tranquilidad y estabilidad que nuestro país le ofrecía, lejos quizás de esas bandas de las que hablas.

11:59 p. m.  
Blogger Pablo Rodríguez said...

Un apunte: en realidad, la solución que propongo de quedarse en casa orando no es sino mera ironía, precisamente por lo que abogo con el comentario es a salir a la calle libres de espanto, siempre conscientes de las turbulencias con las que puede uno encontrarse.

12:36 p. m.  

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