15 abril 2006

Atisbando el Mundial

Ya queda menos para la gran cita, un par de meses, un par de días. En verdad. Así que un servidor, con la humilde empresa de automotivarse a lo bestia, otea el horizonte y analiza. Las hay que sólo por llamarse Brasil, Alemania, Argentina o Italia ya son, de por sí, favoritas. Un chollo, eso sí, que tienen porque se lo han ganado a lo largo de la historia y por ser como son: unos campeones, en este caso, mundiales. Todas ellas han ganado una Copa del mundo al menos en tres ocasiones. Así que ya saben lo que es paladear las más ricas mieles del éxito en esto del balompié, nadie les tiene porqué enseñar a salir al campo a dejarse la piel por su bandera porque la aman. Y ésa es nuestra primera lacra, lo poco que nos queremos. Fíjense que Del Horno pierde el avión, que tenía que coger para llegar a una convocatoria del seleccionador. Imagínense a Ronaldinho faltando a una convocatoria con Brasil: ¿a que no?

A los nuestros les falta mentalidad, carácter, amor propio, tal vez. Cojones. Por eso siempre nos hemos engullido los mocos y, desde luego, así no podremos pasarles por encima a los arriba mentados. Para ganar a esos colosos hay que adquirir mentalización, y buena parte de esta responsabilidad la tiene el seleccionador, y en ese aspecto al menos, yo confío en Luis. Todo es cuestión de que, verbigracia, Torres piense: "pardiez, si con 17 años gané un Mundial sub-17 y fui la leche, deslumbré al mundo y masacré porterías de países históricos en esto del balompié, ¿por qué no iba a hacerlo ahora, que tengo más pelos en los huevos?". O que Xabi Alonso se mentalice y recuerde que con su indispensable colaboración su equipo, el Liverpool, tumbó a todo un Milán en una final de Champions con el marcador adversísimo. O que Cesc se plante, dé un golpe a la mesa y como buena mano derecha de Henry que es en el Arsenal -semifinalista en la presente, oigan-, en el Mundial lo fuera a ser de los delanteros compatriotas. O que Raúl, rediós, esté en forma y saque su incomensurable casta: Yo, líder de un Ejército que ganó 3 Guerras Mundiales en 5 años, ahora le voy a demostrar al mundo lo herejes que son dudando de mi supremacía. Sólo me falta conseguir algo con mi país para que nadie pueda dudar que fui uno de los 10 mejores futbolistas de la historia. O que Xavi se convenza de que si, antes de producirse su inoportuna lesión, fue director de orquesta del equipo de fútbol que mejor fútbol hace en el mundo, también ¡carajo! lo puede hacer con España, si llega con el violín afinado.O que, en fin, pisen fuerte y digan todos al unísono: se van a enterar de quiénes somos los españoles.

Tenemos al mejor portero del mundo, a uno de los tres mejores defensas, al más cualificado organizador, a una de las grandes perlas mozas a nivel mundial, a nuestra particular leyenda al que todos respetan -menos nosotros, curiosamente-, unas bandas que gastan lujo, y sólo en la delantera cojeamos: pero porque nos da la gana. Etcétera. No me creo que este equipo no pueda aspirar a lo que ellos quieran. O se crean.

http://www.as.com/articulo.html?xref=20060423dasdaiopi_10&type=Tes&anchor=dasopiB00

02 abril 2006

Esto me pasa por llevar tanto tiempo sin jugar

Resulta que aun me cuesta hacer memoria de cuándo fue la última vez que me eché una pachanga con los colegas, que una vez retirados todos de nuestros respectivos equipos al llegar al bachillerato, teníamos la buena costumbre de acordar jugar un partidito de fútbol una vez a la semana.

Mi abstinencia de fútbol comenzaría en abril del año pasado, cuando me tuvieron que operar de un (sic) tumor óseo benigno, que se me presentó el muy hereje en la rodilla izquierda, así por sorpresa y sin previo aviso. Tras poco más de un mes sin poder andar, aunque sin dejar de lado por ello los bares y el whisky, me recuperé y al cabo de un par de meses ya podía hacer deporte. Y ahí que estuvo el señor verano para evitarlo, con poderosas razones como un calor abrasante, mucho chiringuito y malas mujeres.

Llegado éste a su fin, un servidor hizo las maletas, abandonó su tierra querida y aquí me tienen en Sevilla para llegar a ser algún día un periodista de bien. He hecho muy buenos amigos, algunos un pelín porretillas cuando les da, pero aun así muy buenas personas todos ellos. Eso sí, de fútbol, nonada. Y es un asunto que llevaba rondando mi cabeza meses ha incluso, ¡hay que ver la de tiempo que hace que no juego un partido de fútbol!, se me va a olvidar esto de tocar el balón, con lo decente mediapunta que fue uno en sus años mozos.

Y esta tarde he sufrido las consecuencias de llevar tantos meses sin rascar bola. Volvía yo de haber ido de compras a Mercadona -estoy por tatuarme la marca Hacendado en el antebrazo, a lo Becks- y a todo esto, de repente me topo de bruces en una esquina con dos chiquillos la mar de monos, de pueril edad aparentemente, que llevaban un balón en los pies. Así que para evitar el choque frontal me dispongo a esquivar a uno de ellos (el que pasó al lado mía), y a esto que al realizar el movimiento de echarme a un lado, como es natural extiendo mi pierna izquierda para acto seguido hacer lo propio con la derecha y seguir mi camino... y el muy hijoputa me hizo un caño.